semblanza exposiciones galería textos contacto
  

 



Por Francisco Moyao


       La vida exige veracidad, lógica, concreción, certidumbre del ser o no ser, el arte le da fundamento, fuerza, crea la metafísica, intuyendo el dogma de fe como punto fundamental de todo sistema. En el devenir de mi existencia, mi fe siempre ha estado en tela de juicio ya sea por mí o por mis semejantes.

      Recuerdo una ocasión estando trabajando la piedra, mis sentidos experimentaban sensaciones trascendentes, mis oídos se llenaban de sonidos melódicos cuando chocaba el cincel con el martillo, no así cuando la dura piedra al ser golpeada con fuerza se hacía pedazos emitiendo gemidos, mi pregunta inmediata fue entonces: ¿Qué las piedras hablan? ¿Quién sabe…? Y a cada momento se agolpaban las preguntas… ¿Por qué las piedras son tan duras? ¿Por qué a pesar de ser de la misma materia dos piedras no son iguales? ¿Es que entonces, se parecen a nosotros los seres humanos que somos de carne y hueso, pero no somos iguales?

      En el momento de estas reflexiones, se acercó el maestro y sin dudarlo le hice preguntas al respecto, cuando terminé me contestó con tono irónico, “Me parecen ridículas tus preguntas, yo digo que estás alucinando pero te voy a contestar. Lo que tienes que hacer es pensar en ideas generalizadoras y basarte en las leyes de la naturaleza, todas la piedras son duras y esa que tienes en la mano es igual que todas, es una cosa dura, además ninguna piedra ha hablado jamás, es decir, las piedras no hablan”. Pero maestro, le pregunté, ¿acaso no son tan importantes las excepciones como las ideas generalizadoras? El maestro entonces se quedó callado para después, con voz altisonante decirme: “Yo digo que eres un necio y terco, vivimos en el siglo XX somos modernos, piensa en el desarrollo científico y tecnológico al que hemos llegado”, y con un gesto de fastidio y sarcasmo me dijo que me fuera a la biblioteca a leer muchos libros para que me aprendiera los conceptos de las cosas.

      El maestro salió del taller y el silencio se hizo escuchar. Todo mi ser trataba de darle sentido a lo acontecido. Parece que nuestra realidad era tan disímbola como nuestras huellas digitales, la comunicación de mi pensamiento con palabras no fue suficiente para aclarar mis dudas. En mi mente se escuchaba la palabra “cosas”, “cosas”, “cosas”… ¿Cuáles cosas? ¿Las de la naturaleza o las creadas por el hombre? Pero me decía yo, que si hiciese lo que decía mi maestro que generalizase… ¡qué problema! tendría que aprenderme los conceptos históricos-universales de la historia de la ciencia y la tecnología para darle explicación a mis problemas; pero a ver, piensa, piensa… Bueno, si el concepto es la idea que concibe o forma el entendimiento, entonces le fallé a mi maestro y fue porque el concepto se crea en la mente, eso significa que mi maestro tenía fe en el valor de las nociones universales y abstractas.

      Ya entendí, todas las piedras son duras por lo que es común lo esencial en muchas cosas, que es para formar un concepto general que las comprenda a todas. Pero si el pensamiento es concepto, estaríamos frente a millones de seres que conceptualizan. Y ¿qué pasa con la conceptualización de la historia?... Se me ocurre que para poderla entender tendríamos que husmear en el interior de las mentes de los hombres que nos han precedido, pero ¿cómo? si ¡ya no existen!... Pero existen los pictogramas y los ideogramas… Qué optimista soy, nos anteceden poco más de 5,000 años de conceptualización en el símbolo y el signo, y se me ocurre que como en la metáfora, cada piedra es diferente, “única”, pero también debemos aceptar que la propia escritura de cada ser humano es “única”, personal y diferente de todas las demás, entonces me digo, si ningún símbolo tiene significado natural; por el contrario todo símbolo tiene un sentido artificial, convencional, porque el símbolo es la representación sensorial habitualmente icónica de una idea abstracta así como el objeto material, por eso los símbolos no se parecen nada en los diferentes círculos culturales del mundo.

      También en la literatura la representación simbólica de las ideas abstractas recurre con frecuencia a metáforas en las cuales se basa la imagen. Entonces lo que quería mi maestro era, que si yo deseaba acceder al conocimiento tenía que medir, cuantificar, pesar, generalizar, etc., y así abstraer lo que es común y esencial de muchas cosas, para que yo me formase un concepto. Pero ¿cómo formarme un concepto propio? Si cuando yo nací ya estaban instituidos todos los conceptos y los tuve que aceptar no porque me gustaran sino porque me fueron impuestos. En la interacción existencial nos enfrentamos al concepto lógico, al concepto de perfección, al concepto de civilidad, al concepto de moral, al concepto de cultura, al concepto de nacionalidad, al concepto de derechos humanos, al concepto de historia, etcétera.

      Entonces, ¿cómo poder imponer nuestro concepto a la ideología dominante? Ya anteriormente hacia referencia a la relación de semejanza entre cosas distintas en el transcurrir de la vida, las pensamos y a veces encontramos solución y en muchos casos nos quedamos con la duda; la vida más pareciera un juego de acertijos. La analogía nos da la alternativa de negar o aceptar entre la vida y la muerte, entre lo blanco y lo negro, lo positivo y lo negativo, lo bueno y lo malo, la pobreza y la riqueza, el conocimiento y la ignorancia, el valor y el miedo, la verdad y la mentira y tantas cosas más como las que invente el hombre.

      En el proceso histórico encontramos al contradicción, la rectificación, la superación, la evolución, la transformación, el progreso y en aras del progreso proclamamos: ídolos, dioses, tiranos, líderes, caudillos, artistas, ideólogos, políticos, científicos, dictadores, filósofos…, muchos de ellos nos han dicho cómo conceptualizar el ser, la vida y el futuro. La generalidad es el futuro, la panacea. Sin embargo, es la “excepción” que comentaba con mi maestro lo que me ha permitido la certidumbre de la vida, los gemidos de la piedra son lo extraordinario, lo insólito, lo que para un científico es negado, no aceptado, no comprobable. Para mi la excepción ha sido mi plataforma, en la soledad yo siempre me reconocí ante mis semejantes, pero yo reconocía al mundo de una manera tan particular que siempre estaba apartado de la regla común, sin embargo esto no quiere decir que sea yo un ser excepcional, lo que demuestra es que soy igual a todos mis semejantes. Somos de la misma materia orgánica, somos entendimiento y metafísica. Y en la metafísica la analogía cobra sentido, somos semejantes, pensamos parecido pero no igual, porque el valor de las nociones universales y abstractas son concepto de la mente.

      Si jugásemos un poco con el espejo nos daríamos cuenta de que siempre deseamos que nuestro interlocutor hable, actúe, piense y conceptualice como la imagen del espejo; esta experiencia es la angustia, se dice “…no me entienden, no me comprenden, mis ideas no sirven, mis conceptos no son aceptados”. Cada concepto es individual y sin embargo, siempre se le quiere imponer como valor supremo. La metafísica del individuo se exacerba y corre a fundirse en la gran masa de la sociedad, ahí encuentra solución al problema. La gran empresa de la ideología dominante le proporciona los instructivos necesarios para su plan de vida, dejando así a un ordenador su incertidumbre, que le dirá cómo caminar, comer, trabajar, estudiar, como ser creyente, qué comprar, qué decir, qué coche comprar, qué beber, qué fumar, qué ropa ponerse, qué ver, qué museos visitar, qué universidades son mejores, qué arte es el mejor, cuál es la moda… en fin, todas las opciones estarán satisfechas por el sistema, con la garantía de hacerle creer que son eternos, que pueden comprar seguros para todo, que pueden emular a Dios y que pueden sojuzgar a sus semejantes, porque tienen las mejores ideas y sus obreros trabajarán en ellas para ser muy rico y tener una casa, servidumbre, coches, y para acabar con todos los placeres que pueda haber…

      Y ¿qué sucede cuando se hace el inventario del plan de vida?: el engaño, la mentira. De inmediato se hace la reclamación: ¡A ver la garantía! Aquí está. ¡Oiga pero si es un simple papel! ¿Cómo? ¡Efectivamente el papel está en blanco!... Pero… ¡No puede ser! Todo estaba impreso en letras doradas. No me diga, usted es como todos los que vienen a reclamar. ¡¿Ay quién sabe como desaparecieron las letras?! Me dijeron que era de madera y es vil plástico; que era irrompible y se rompió, que con estas pastillas iba a ser más inteligente y sigo igual… Mire, esta empresa es seria, aquí no engañamos a nadie, lo que pasa es que, mire ustedes son los que se engañan, ustedes nunca ven la realidad, todos ustedes ven lo que quieren ver. Esta empresa maneja “puros” conceptos de apariencia y todos son de moda, moda de un día pero moda al fin. Esta es la imagen del hombre posmoderno, prisionero en el consumo y el narcisismo, desaforado en sus creaciones, encadenado a la secularización, al individualismo, a la democracia, al poder, al dinero y al placer, provocado por el capitalismo inhumano en su consumo, que no el de producción; donde el nihilismo se deja ver con mayor intensidad, la anarquía se viste con sus mejores galas de hedonismo y procacidad, siendo la estética su contrapunto, es decir, su sensualidad en su más alto sentido. Éstos son los atributos de la máscara, no existe el sujeto y los que existen están en el autismo.

      El ser humano está fragmentado. Usemos pues la lógica, trabajemos en el diálogo, teoricemos en la argumentación ya que ella se nutre de la metafísica, démosle sentido, ejerzámosla y hagamos metafísica.

 

Artículo publicado en:
Nereidas | Revista Con Sabor Urbano
Núm. 3, Otoño del 97
UAM Azcapotzalco, México, D.F.

 


Website optimizado para verse con Internet Explorer 6.0, bajo una resolución de 1024 x 768 px. a 32 bits.
© Quimera Urbana Diseño. 2006