semblanza exposiciones galería textos contacto
  

 



Por Raquel Tibol


       En estos días el Museo de Arte Moderno ofrece dos exposiciones estrechamente relacionadas: la del productor de objetos pictóricos o pinturas-objeto Francisco Moyao, y la de "El geometrismo mexicano: una tendencia actual", inauguradas, respectivamente, el 30 y el 26 de noviembre, en una especie de carrera contra reloj que se planteó el director del MAM, Fernando Gamboa, como gran final de sexenio y para no quedarse con las ganas por si no se le hacía repetir en el cargo. La de Francisco Moyao no está viciada por las taquicardias sexenales. Es una exposición de gran importancia. Ahí este artista nacido en la ciudad de México hace 30 años, y formado en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, reúne 40 objetos de bulto, relieve y bidimensionales, en cuya elaboración ha invertido dos años de trabajo e invención.

      Aunque la idea de hacer una exposición del geometrismo en México había surgido hace tiempo, parece que su estructuración resultó difícil pues se llegó a los últimos días de la administración de Luis Echeverría sin que las condiciones para su presentación hubieran alcanzado un adecuado punto de madurez. La precipitación fue tal que los museógrafos ni siquiera se dieron tiempo para sacar de la sala correspondiente pinturas y esculturas de la exposición colectiva que ahí estuvo con anterioridad, y los geométricos han quedado mezclados con su pasado (en este caso se encuentran Feliciano Béjar y Manuel Felguérez) o rodeados de objetos producidos por nacionales o extranjeros que ambiguamente se cuelan hacia el geometrismo aunque no hayan sido seleccionados (esto ocurre con la "Naturacosa" de Ernesto Malard). Aumenta la confusión, la falta de algunas cédulas y las equivocaciones en otras. En el catálogo se han puesto fragmentos de los ensayos que para el libro colectivo "El geometrismo en México" escribieron Xavier Moyssén, Jorge Alberto Manrique y Teresa del Conde, libro que por las prisas no pudo estar listo para coincidir con la exposición.

      Un recuento más objetivo, más informado y más honesto debió incluir en los antecedentes obras de artistas como Germán Cueto o Santos Balmori que predicaron como maestros de la ENAP, de la Universidad de las Américas o de la Escuela de Diseño y Artesanías la validez de la geometría como finalidad y no sólo como sustento de una composición. Y se debió ir tan lejos como para solicitar al Museo de Arte Moderno de Nueva York "El cubo y la perspectiva", pintado al duco sobre metal por Roberto Berdecio en 1935, es decir, en el año en que este boliviano se liga de manera definitiva al arte de México. ¿Cómo olvidar que José Revueltas enarboló con pasión los cubos de Berdecio, sobre todo el kinético, en algunas de las polémicas suscitadas en torno de Siqueiros?

      Parece que las proposiciones iniciales no llegaron a cuajar en lineamientos precisos, en estipulaciones tan claras como pueden serlo las catalogaciones estéticas. Para prueba está el conjunto de obras y maquetas que representa a Mathias Goeritz. Se seleccionó, por ejemplo, "El cuadro de los cuadros", pintura en la cual M.G. no especula con la figura geométrica designada con ese nombre, sino que simple y sencillamente acumuló en una pintura de dimensiones generosas (2 por 2.75 metros) la copia en pequeñas dimensiones de obras que previamente había realizado en pintura, relieves o esculturas. Otro chasco es la inclusión de la pieza "Oro", cuadrado de 1.20 por 1.20 metros cubierto de oro de hoja y cuya función es, obviamente, la monocromía y el reflejo. Las formas cuadradas se han usado en el continente de la pintura desde tiempos inmemoriales.

       Hay que lamentar que los organizadores no hayan tenido la agudeza de presentar las obras geométricas de raiz popularista mexicana que desde hace varios años ha venido trabajando con sutileza, probidad y ortodoxo geometrismo Arturo Estrada. Y sorprende que se les hayan olvidado las recientes variaciones en torno a un cubo de Arnaldo Coen.

      Tampoco han sabido definirse las fronteras entre geometrismo y diseño, de ahí la inclusión de Van Hoof, artista norteamericana radicada en México, cuya primera exposición individual ("Juegos de arte con parlicipación del espectador") se puede ver justamente ahora en la Galería Nabor Carrillo del Instituto Mexicano Norteamericano de Relaciones Culturales. Las 43 piezas que muestra corresponden a nueve diseños básicos que resuelve progresivamente en dibujo, fotograbado, serigrafía en color, grabado en hueco y escultura con láminas de acrílico.

      Frente al paradójico desarreglo del geometrismo, en el cual participa con seis pintura-objeto, la exposición individual de Francisco Moyao se yergue con salud espiritual, coherencia y vigor creativo. Rompe con la discutible predisposición de aplicar aquí etiquetas que quizás funcionan bien en la Argentina o en los Estados Unidos. En sus obras se combinan volúmenes y efectos ópticos, constricción y cromatismo. Moyao demuestra vocación por incidir con fuerza en un espacio dado. Sus obras poseen suficiente actividad implícita como para imponer su existencia en un espacio urbano. Sólo una pieza está realizada en varillas metálicas pinturadas. Es el gran cubo de tres metros de lado, rompimientos interiores y efectos ópticos por cromatismo, que se exhibe en el exterior del MAM. El resto son maderas pintadas por lo general con lacas automotivas y acabados tersos y brillantes. Aunque no tienen aspecto de maquetas, para el artista si lo son, pues él desearía llevar sus proposiciones a tamaños monumentales. Considera que la maqueta convencional es inadecuada para presentarla a la vista del público, pues la gente necesita ver para creer y, según opina, en las maquetas "no se llega a la verdad de las cosas".

      A Moyao le preocupa más la imposición emocional que las especulaciones tecnológicas. Repite sus recursos mientras los considera operantes. Tan pronto presenta volúmenes con bandas multicolores como también recurre a formas que en lo escueto del blanco y del negro no pierden esa agresividad que se da con deseo y sentido de comunicación. Este joven artista no quiere promover goces sutiles sino provocar al espectador. Y lo logra.

 

Artículo publicado en:
Revista "Proceso". 11 de Diciembre de 1976
México, D.F.

 


Website optimizado para verse con Internet Explorer 6.0, bajo una resolución de 1024 x 768 px. a 32 bits.
© Quimera Urbana Diseño. 2006